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Trastornos de Ansiedad

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Trastornos de Ansiedad

Mensaje por Gladiador el Sáb Oct 02, 2010 5:38 pm

Trastornos de ansiedad
Diciembre 1999

¿Qué son los trastornos de ansiedad?

La aparición y las reacciones al estrés son esenciales para la supervivencia humana; permiten a las personas perseguir objetivos importantes y responder apropiadamente ante el peligro. En un individuo sano, la respuesta al estrés (lucha, miedo o huída) es provocada por un temor genuino o desafío y es usada como un desafío para la acción apropiada. La ansiedad, sin embargo, es un estímulo excesivo o inapropiado caracterizado por sentimientos de aprehensión, inseguridad y miedo. La palabra se deriva del latín, angere, que significa sofocar o ahogar. A menudo no se atribuye a un temor real o apropiado pero puede paralizar al individuo hacia la no acción o huída. También persiste un trastorno de ansiedad.

¿Cuáles son los síntomas de los trastornos de ansiedad?

Físicamente, la ansiedad se expresa normalmente a través de una serie de respuestas que incluyen una subida de la tensión arterial, un ritmo cardíaco rápido, respiración agitada, y un aumento de la tensión muscular; el riego sanguíneo intestinal decrece, dando como resultado a veces náusea o diarrea. Los trastornos específicos de ansiedad se diagnostican basándose en la severidad y duración de los síntomas y en características de conducta adicionales que acompañan los síntomas de ansiedad.

Síntomas del trastorno de ansiedad generalizado.

El trastorno de ansiedad generalizado (GAD) se caracteriza por un estado más o menos constante de tensión y ansiedad ante varias situaciones; este estado dura más de seis meses a pesar de la falta de un agente estresante obvio o específico. Es muy difícil controlar la preocupación. (Para un diagnóstico claro del GAD, estas preocupaciones no son las mismas que las de otros trastornos de ansiedad, tales como miedo de ataques de pánico o de aparecer en público, ni son obsesivos como en el trastorno obsesivo-compulsivo. Debería apuntarse, sin embargo, que casi la mitad de los que padecen GAD tienen también otro trastorno de ansiedad o depresión). Dadas estas condiciones, el diagnóstico de GAD se confirma si están presentes tres o cuatro de los siguientes síntomas (sólo uno en el caso de niños): estar nervioso o muy inquieto, sentirse cansado, tener dificultad de concentración, estar irritable, tener tensión muscular, tener trastornos de sueño. Algunos de estos síntomas se presentan en la mayoría de días durante seis meses. Los síntomas deben causar angustia significativa y alterar el funcionamiento normal y no ser debidos a un estado médico u otro trastorno anímico o psicosis.

Síntomas del trastorno de pánico.

El trastorno de pánico se caracteriza por ataques periódicos de ansiedad o terror, que normalmente duran de 15 a 30 minutos, aunque los efectos residuales pueden persistir durante más tiempo. La frecuencia y gravedad de los estados agudos de ansiedad determina el diagnóstico. Durante un ataque de pánico una persona siente miedo intenso o incomodidad con al menos cuatro o más de los siguientes síntomas: ritmo cardíaco rápido, sudoración, temblor, respiración entrecortada, una sensación de ahogo, vértigo, náusea, sensación de irrealidad, adormecimiento, sofocos o escalofríos, dolor de pecho, miedo a morir y miedo a volverse loco. Un diagnóstico de trastorno de pánico se hace cuando una persona experimenta al menos dos ataques de pánico recurrentes e inesperados seguidos de al menos un mes de miedo de que vuelva a ocurrir. La frecuencia de los ataques puede variar ampliamente. Algunas personas tienen ataques frecuentes (por ejemplo, cada semana) durante meses; otros pueden tener series de ataques diarios seguidos de semanas o meses de remisión. Los ataques de pánico pueden ocurrir espontáneamente o en respuesta a una situación particular. Si el paciente asocia el miedo a circunstancias inocuas que rodean el primer ataque, circunstancias similares más tardías pueden hacer volver la ansiedad y disparar ataques de pánico adicionales. Los ataques de pánico que incluyen sólo uno o dos síntomas, tales como vértigo y palpitaciones, son conocidos como ataques de síntomas limitados; éstos pueden ser incluso síntomas residuales después de un ataque mayor de pánico o precursores de ataques vehementes. (Debería apuntarse que los ataques de pánico se presentan con otros trastornos de ansiedad, que incluyen fobias y trastorno de estrés post-traumático).

Síntomas de los trastornos fóbicos.

Las fobias, miedos trastornadores e irracionales, son comunes, pero varían en gravedad. En la mayoría de casos, las personas pueden evitar o al menos soportar situaciones fóbicas, pero en algunos casos, como en la agorafobia, la ansiedad asociada al objeto o situación temidos puede ser incapacitadora.

Agorafobia. Alrededor de la mitad de personas con trastornos de pánico desarrollan agorafobia, la cual ha sido engañosamente descrita como temor a los espacios abiertos, derivándose el término de la palabra griega agora que significa plaza pública. En su forma más severa, la agorafobia se caracteriza por un terror paralizante de estar en lugares o situaciones de las que el paciente siente que no hay escapatoria o ayuda accesible en caso de un ataque. (Un paciente describía el terror de salir al exterior como de abrir una puerta a un campo lleno de serpientes). En consecuencia, los agoráfobos se encierran en lugares donde se sienten seguros, normalmente en su casa. El paciente con agorafobia a menudo hace planes complicados para evitar enfrentarse con situaciones o lugares temidos.

Fobia social y ansiedad de actuación. La fobia social es el miedo de ser públicamente escrutado y humillado y se manifiesta por una extrema timidez e incomodidad en los lugares públicos. Los síntomas asociados varían en intensidad, yendo de la ansiedad leve y tolerable a un ataque virulento de pánico; los síntomas incluyen sudoración, respiración entrecortada, palpitaciones, sequedad de boca, y temblor. El trastorno se define como generalizado o específico. La fobia social generalizada incluye temor de ser humillado delante de otras personas cuando se realiza actividades varias, como escribir en presencia de otros u orinar en un baño público. La actividad social específica usualmente implica una respuesta fóbica a un acontecimiento específico. Por ejemplo, la ansiedad de actuar, o terror de escena, es una fobia social específica que aparece cuando una persona tiene que actuar en público. La incidencia de la fobia social es aproximadamente de un 13% y ha sido llamada "el trastorno de ansiedad olvidado" porque frecuentemente no se considera como diagnóstico.

Fobias simples. Una fobia simple es un temor irracional de objetos o situaciones específicas. Las fobias más comunes son miedo a los animales (normalmente arañas, serpientes o ratones), a volar (pterigofobia), a las alturas (acrofobia), al agua, al transporte público, a los espacios cerrados (claustrofobia), a los dentistas (odontiatofobia), a las tormentas, túneles y a los puentes. Cuando se enfrenta al objeto o a la situación, la persona fóbica experimenta sensaciones de pánico, sudoración, palpitaciones, ausencia de respuesta y dificultad de respiración. La mayoría de los individuos fóbicos son conscientes de la irracionalidad de sus miedos, y muchos soportan una ansiedad intensa antes que revelar su trastorno. Las fobias simples están entre los trastornos médicos más comunes; en muchos casos, sin embargo, no son lo bastante significativas para requerir tratamiento.

Síntomas del trastorno obsesivo-compulsivo.

El trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) ha sido descrito como hipos de la mente. Las obsesiones son imágenes mentales, pensamientos o ideas, recurrentes o persistentes, que pueden derivar en conductas compulsivas, repetitivas, rígidas, y rutinas autoprescritas encaminadas a evitar la manifestación de la obsesión. A menudo cursa con depresión y ansiedad. Aunque los individuos reconocen que los pensamientos obsesivos y los patrones rituales de comportamiento son insensatos y excesivos, no pueden pararlos a pesar de los esfuerzos agotadores para ignorar o suprimir los pensamientos y acciones. Las obsesiones y compulsiones no siempre coexisten; sin embargo, más de la mitad de los que sufren TOC tienen pensamientos obsesivos sin conducta ritual. Hay alguna evidencia de que los síntomas mejoran con el tiempo y que casi la mitad al final se recuperan completamente o tienen sólo síntomas menores.

El TOC consume tiempo, agota y puede alterar el normal funcionamiento. Muchos estudios sugieren que un signo crítico de este trastorno es un sentido exacerbado de responsabilidad, por el que los pensamientos del paciente se centran alrededor de posibles peligros y de una urgente necesidad de hacer algo sobre ello. Los pensamientos e imágenes obsesivos pueden ir desde preocupaciones triviales sobre si uno ha cerrado la puerta hasta fantasías extrañas y aterradoras de comportamiento violento hacia un ser querido. Los actos compulsivos provocados por tales obsesiones incluirían control repetitivo de cierre de puertas o de apagado de fuegos de estufas o llamadas a seres queridos a intervalos frecuentes para asegurarse de que están bien. Algunas personas se ven forzadas a lavarse las manos cada cinco minutos o pasar gran cantidad de tiempo limpiando a su alrededor a fin de mitigar el miedo al contagio. Otros trastornos obsesivos, que incluyen el trastorno dismórfico corporal (BDD), tricotilomania y síndrome de Tourette, pueden formar parte del espectro de TOC. En el BDD, las personas están obsesionadas con la creencia de que son extremadamente feas. Las personas con tricotilomania continuamente tiran de sus cabellos, dejando zonas calvas. Los síntomas del síndrome de Tourette incluyen movimientos nerviosos, tics, y el proferir incontrolado de palabras obscenas. El TOC no debería confundirse con la personalidad obsesivo-compulsiva, que define ciertos trazos de carácter (ej., el ser perfeccionista, excesivamente consciente, moralmente rígido, y preocupado por las normas y el orden). Estos trazos no se presentan necesariamente en personas con trastorno obsesivo-compulsivo, el cual es un estado psiquiátrico.

Síntomas del trastorno del estrés post-traumático.

El trastorno de estrés post-traumático (PTSD) es una reacción emocional extrema y normalmente crónica a un acontecimiento traumático que altera gravemente la vida; está clasificado como un trastorno de ansiedad a causa de la similaridad de síntomas.

Sucesos desencadenantes. El PTSD se desencadena por acontecimientos considerados normalmente como fuera de norma de la experiencia humana. Tales hechos incluyen, pero no se limitan, a experimentar o incluso presenciar agresiones sexuales, accidentes, combate, o muertes inesperadas de seres queridos. El PTSD puede incluso darse en personas que tienen una enfermedad grave y reciben tratamientos agresivos o que tienen familiares cercanos o amigos en tales condiciones. El desarrollo del estrés postraumático como consecuencia de cualquier delito lo experimenta el 25% de todas las víctimas pero este porcentaje puede ascender hasta el 50-60% en el caso de las mujeres agredidas sexualmente o maltratadas en el hogar .

Trastorno agudo de estrés. Los expertos han identificado un síndrome llamado trastorno de estrés agudo, que aparece entre los dos días y las cuatro semanas después de un hecho traumático, y puede ayudar a predecir quien tiene un alto riesgo para el PTSD. Para ser diagnosticadas de trastorno agudo de estrés, las víctimas deberían reunir estos criterios:

1.Están expuestas a hechos traumáticos en los que son testigos o se enfrentan a una amenaza de muerte real o potencial, un daño grave, o daño físico (como una violación) contra sí mismos u otros.
2.Su respuesta es de miedo, impotencia u horror. Además, durante o después de estas experiencias, tienen tres o más de los siguientes síntomas, que indican un estado psicológico conocido como disociación : una parálisis emocional, estar aturdido, una sensación de pérdida de contacto con la realidad externa, un sentimiento de pérdida de la propia identidad, o incapacidad para recordar aspectos importantes de lo sucedido.
3.Vuelven a experimentar persistentemente el trauma por lo menos en una de las formas siguientes: en imágenes recurrentes, pensamientos, escenas retrospectivas, sueños, o sensaciones de incomodidad ante situaciones que les recuerdan el hecho traumático.
4.Evitan recuerdos del hecho, tales como pensamientos, personas, o cualquier otro factor que desencadene el recuerdo.
5.Tienen síntomas de ansiedad o conciencia acentuada de peligro (insomnio, irritabilidad, facilidad de asustarse, o de estar alerta a peligros desconocidos)
6.El estado emocional altera significativamente el funcionamiento normal y las relaciones, y dejan de pedir la ayuda necesaria.
7.El cuadro se presenta a las cuatro semanas después del suceso y dura desde al menos dos días hasta cuatro semanas.
8.La situación no es debida al alcohol, medicación, o drogas y no es tampoco una intensificación de un trastorno psicológico ya existente.

Los criterios para el trastorno agudo de estrés son precisos al identificar hasta un 94% de sujetos de riesgo, aunque entre el 50 y el 80% realmente desarrollan PTSD. En otras palabras, es muy sensible para identificación de un alto peligro de PTSD y menos exitoso en determinar específicamente quién, o quién no, se recobrará emocionalmente.

Síntomas del mismo PTSD. Los síntomas del PTSD son similares a los del síndrome de estrés agudo pero duran más de un mes y son mucho más graves, crónicos (tres o más meses), o ambos. Pueden también aparecer meses o incluso años después del hecho traumático. Los niños pueden tomar arte en juegos o acciones en las que los hechos se representan repetitivamente. Otros síntomas de PTSD pueden incluir renuncia emocional, evitación fóbica de recuerdos del trauma que llegan a ser suficientemente grave como para alterar las relaciones personales y profesionales, desesperanza, conducta autodestructiva, cambios de personalidad, altibajos del ánimo, dificultad para dormir, trastornos de ansiedad y culpabilidad de sobrevivir al suceso.


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